No estamos locas

Y de repente…..te sientes eufórica, se te ocurre hacer un montón de cosas a la vez, a priori te faltan horas para realizar todas las actividades que se te van pasando por la cabeza: guisar la receta de pollo con manzana que le sale tan bueno a tu amiga; salir a caminar al menos diez kilómetros; leer de un tirón el libro que tienes en la mesita de noche desde hace casi un año; a la vez buscar en la red esa crema exfoliante maravillosa que te ha dicho tu hermana te deja la piel como el culito de un bebe; ir a comprarte un pantalón negro porque siempre tienes que tener esa prenda básica en tu armario; y hablando de armarios, ordenarlos, esta vez por colores; arreglar ese grifo que llevas meses sin utilizar por no llamar al fontanero y pagarle una pasta; quedar con las amigas para contarles todo lo que has hecho en un día. Lo mejor es que termina la jornada y has hecho todo eso y más, y que orgullosa te sientes, eres una superwoman.

Al día siguiente te encuentras cansada y piensas…normal, después del día que tuve ayer…

Dos días después no tienes ganas de nada, sientes como si te hubiera pasado por encima una apisonadora, levantarte de la cama se te hace un mundo pero no te queda otra, te preparas un café para ver si te espabilas. Pasan las horas y la desgana se convierte en tristeza. Te preguntan qué te pasa y tú contestas, nada. Te lo vuelven a preguntar y esta vez dices, no lo sé. A la tercera vez que alguien hace mención a tu estado de ánimo rompes a llorar.

Pasan doce horas…te dan los buenos días y tu respuesta es… ¡serán para ti…! Te sorprende la contestación aunque no quieres darle mayor importancia. Un instante después acabas discutiendo con tu compañero porque consideras que habla muy alto y no te deja concentrarte. Notas que estás un poquito alterada y para evitar roces decides  no hablar con nadie, te refugias detrás de la pantalla del ordenador y comienzas a whasappearte con el grupo de la pandi. Envías un mensaje divertido de buenos días, nadie contesta, envías otro, holaaaaaa…ni mu, ¡que antipáticas!

Cuando por la noche coincides con tu pareja en casa le cuentas el día tan horrible que has tenido y su respuesta es…seguro que no será para tanto, debes cambiar la actitud.

Y es entonces cuando te sientes culpable, y piensas que eres una loca y nada inteligente. Te lees todos los libros de autoayuda que tienes en casa, te apuntas a yoga, a clases de teatro y a zumba y todos los días te dices el mantra…tengo que cambiar de actitud, tengo que cambiar de actitud, tengo que…

¿Perdonaaaaaaa?

Primero: La naturaleza es sabia, muy sabia, tremendamente sabia, y si nos ha dotado de emociones será para que las sintamos.

Segundo: No hay emociones buenas ni malas, todas tienen su función y han ayudado al ser humano a sobrevivir como especie.

Tercero: Durante la premenopausia y menopausia se producen importantes cambios hormonales en el cuerpo de la mujer, los estrógenos y la progesterona, principales hormonas femeninas, descienden significativamente. Estas  alteraciones llevan aparejadas cambios físicos y emocionales que afectan a nuestra calidad de vida y a nuestras relaciones.

Cuarto: Los síntomas más habituales en esta etapa son…

. Sofocos

. Sudoración

. Irritabilidad

. Ansiedad

. Fatiga

. Aumento de peso

. Sequedad en la piel

. Depresión

. Dolores musculares…

¿Sigo…?¿O ya os parecen suficientes razones para sentirnos eufóricas, tristes, rabiosas o como toque? Cuando estamos, alegres, cariñosas, amables, divertidas, entusiastas…¿quiere decir que nos hemos repetido el mantra? Claro que no, es que también toca.

No queridas y queridos, no estamos locas, se llama menopausia y se alivia con pequeñas dosis de AMOR Y ESCUCHA.

Dirigido a todas las mujeres jóvenes porque les llegará, a las que han acumulado juventud porque estan viviendo esta etapa y a los hombres de cualquier edad para que entiendan y amen nuestra perfecta imperfección.

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