Cuando suene la música… ¡baila!

La primera vez que la vi fue en la presentación del programa de desarrollo propuesto por la Universidad, desde el primer momento su sonrisa me cautivó. Detrás escondía un halo de timidez que acompañaba con un brillo especial en sus ojos.

Para comenzar el proceso nos citamos en el despacho 3 de la segunda planta del aulario. A través de las ventanas se podía observar el pausado movimiento de las hojas del arbolado del campus. Con ese ir y venir me situé en aquel momento presente e iniciamos la sesión.

-¡Quiero bailar! ¡Es mi pasión, mi vida!

Su objetivo parecía estar claro.

– No sé porque mis padres se empeñan en que no lo haga, sin embargo a mi hermana sí que se lo consienten, no es justo.

-¿Les has preguntado a tus padres porque no te permiten que vayas a clase de baile?

Esta vez sus ojos estaban encendidos por la rabia.

-No, no lo he hecho, no va a servir de nada.

– ¿Que te lo impide?

-Nada, yo misma, supongo que no quiero oír la respuesta.

– ¿Cuál es la respuesta que no te gustaría oír?

-Toda aquella que me haga pensar que pueden tener razón y que me impida defender mi postura.

– Y si tuvieran razón… ¿Cuál podría ser?

– Que quieren que me centre en la carrera y que cuando les demuestre que puedo llevar las dos cosas entonces, me permitirán ir a baile.

–  ¿Y qué opinas  acerca de esa respuesta?

-Me parece que me quieren mucho, quieren lo mejor para mí, aunque a veces lo dudo.

-Piensa en una situación en la que consideres que tus padres no te están queriendo.

-Ummm… ¡No sé! A veces me riñen cuando no he recogido la habitación.

– Entonces… ¿piensas que cuando te riñen es porque no te quieren?

– La verdad es que no, lo que quieren es que todos vivamos en armonía.

– Que es más importante para ti, ¿qué tus padres te quieran o bailar?

-Las dos cosas

– Imagina que para poder tener una tuvieras que renunciar a la otra. ¿Con cuál te quedarías?

Se produjo un largo silencio.

-Con el baile seré feliz pero el amor de mis padres es innegociable, a fin de cuentas yo también quiero sacarme la carrera y el momento es ahora. Mientras tanto puedo bailar de otra manera, no necesariamente en una academia, incluso, no lo había pensado, puedo hacerlo en casa, con mis padres y hermana.

En su rostro se pinto un tono sonrojado y una lágrima recorrió su mejilla.

– Es normal lo que sientes Noemí, deja fluir tu emoción, que bonito que te hayas dado cuenta de lo que es importante para ti.

-¿Te apetece bailar?

-¡Sí! ¡Siempre!.

Cogí mi móvil, busqué su canción favorita, Vive la vida, y sin dudarlo comenzamos a danzar por el aula. Y a nuestro baile se unieron todos los árboles del exterior. Y todo ello contribuyó a que ese momento fuera único e irrepetible.

“Cada uno tenemos nuestra propia razón basada en la realidad que vivimos. La comunicación con los demás y con nosotros mismos nos permite un mejor entendimiento de determinados acontecimientos que, a veces, vivimos como auténticos dramas en base a la interpretación que hacemos de ellos. También es provechoso estar atentos a otras oportunidades que puedan surgir y que nos  posibiliten, de otra manera, alcanzar aquello que deseamos. Para ello es fundamental estar abiertos a la experiencia y probar otros caminos que nos conduzcan hacia nuestro objetivo. Es importante darnos cuenta de que, mientras nos estamos desgastando por situaciones venideras, nos perdemos otros  momentos que pasan por delante de nosotros y que ya contienen muchas de las cosas que anhelamos”.

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