Primer secuestro emocional del año

El mes de Diciembre se presentó sin darme cuenta, metida en la vorágine del trabajo advertí que se avecinaban las fiestas al ver encendidas las luces de Navidad y detectar más gente de la habitual transitando las calles. Al mismo tiempo un trancazo vino a verme sin avisar, parecía que iba a quedarse tan solo dos o tres días pero me cogió cariño y se instaló conmigo todo el mes.

Los días 24 y 25 los pasé con carencia de buen humor hasta que, ya próximo el final del año, decidí concederme unas pequeñas vacaciones, me dije: “seguro que en estos días te recuperas”.

Y llegó el día 31, quería celebrarlo pero las fuerzas no me acompañaron: “¡mierda!, que mal me encuentro, vaya manera más patética de terminar el año, con la ilusión que tenía… todo el mundo pasándolo bien menos yo, que mala suerte…”

Es entonces cuando dos de las llamadas emociones desagradables me secuestraron y me robaron el ánimo. Primeramente apareció la rabia, más tarde la tristeza, ambas me introdujeron en un espacio gris oscuro en el que quedé retenida toda la noche. Tan solo me liberé de ellas cuando quedé dormida unas horas después de las campanadas.

Amaneció, y con la claridad del nuevo día también mis pensamientos se despejaron, ya no sentía esa presencia desapacible con tanta intensidad, medité  lo ocurrido y logré transformar mi estado. De repente tomé conciencia, habíamos cambiado de año.

Fue a partir de ese momento que decidí empezar a construir mi lego emocional: como pieza base coloqué la más grande, la aceptación, a continuación encajé  los valores de la familia, el amor y la amistad, no encontraba la confianza, busqué y rebusqué hasta que apareció, añadí dos piezas de ilusión y de remate una bandera, la del sentido del humor. Que bien empecé el año, mucho mejor de lo que lo terminé, y en ambos casos… ¿quién fue la única responsable? Yo misma, tan solo yo.

“Nuestras emociones son mayormente una consecuencia de nuestros pensamientos y están para ser sentidas pero hay que procurar que no dominen nuestra vida. Cuando te veas atrapado/a por una emoción desagradable permítete un espacio para la reflexión: haz tres respiraciones profundas, observa lo acontecido (como si estuvieras en el cine viendo una peli), escucha los pensamientos previos a sentir la emoción (¿qué te decías?) y cuestiónate la veracidad de los mismos. ¿Realmente es tan patético pasar la noche vieja en cama? ¿Todo, todo, todo el mundo lo estaría pasando tan bien esa noche? Pensamiento alternativo: Que bien que voy a despedir el año de esta manera, en casa, tranquila, cuidada, arropada. Que afortunada que soy.”

¡Por una año nuevo de plena consciencia!

 

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