¡No quiero ir al cole!

Bandeja de entrada. Asunto del e-mail: La mejor gerente comercial del trimestre.

¡Yujuuuuuu! ¿Y a quién no le viene bien que le reconozcan por su trabajo? Que no todo sea esfuerzo y devanarse los sesos para ver de qué manera conseguir esos objetivos que, a priori, parecen inalcanzables. Sobre todo si a eso le añades que lo que tienes que vender no te gusta nada, nada, nada.

Y como premio… ¡Tachán, tachán…!

“Asistirás a una reunión en Madrid, será en la sede central del banco, y vas a compartir con otros gerentes cómo has logrado alcanzar tus objetivos. Os acompañará el director comercial general”

¡Glup! ¿Y no será mejor que me regalen un fin de semana para dos personas en Albacete?

¡Qué marrón! Mi corazón empieza a palpitar como si no hubiera un mañana, un sudor frio recorre mi cuerpo empapando la camisa blanca recién estrenada. Mi jefe a mi lado mueve la boca y gesticula, no le escucho, me mantengo impasible y ojiplática frente al ordenador.

¡Vaya mierda!, a mí no se me ha perdido nada allí, y menos aun tratándose de exponerme delante de un montón de gente que no conozco de nada ni ganas. ¡Qué vergüenza! ¿Qué les voy a contar? No tengo nada que aportar, he cumplido y punto. Seguro que todos los asistentes saben mucho más que yo del tema. Voy a hacer el ridículo.  ¡Mamaaaaaaa, no quiero ir al coleeeee!

Mis compañeros: “¡Que suerte!, un día que no vas a tener que estar aquí atendiendo clientes. Tendrás la oportunidad de visitar la sede central del banco, está en un edificio histórico, comerás de lujo y mientras vas y vienes por el camino te entretienes”

Si, si, lo que vosotros digáis, pero a mí la reunioncita no me hace ni puñetera gracia.

Más de una semana de nervios sin dar pie con bola hasta que llega el “gran día”. Me presento en el aeropuerto con tiempo suficiente para desayunar, miro el panel de departures: 13 de Marzo de 2020, destino Madrid… Observaciones: vuelo cancelado.

Constantemente nuestra mente nos propone pensamientos limitantes que nos llevan a la preocupación y al sufrimiento. No es tanto lo que ocurre si no lo que hacemos a nivel mental con las situaciones que se nos plantean. Podemos verlas como amenazas o como oportunidades de mejora y/o aprendizaje. De nada sirve hacerse pajas mentales de lo que puede ocurrir, sobre todo porque el futuro es incierto y nada está controlado (vuelo cancelado). Por lo tanto tú decides como quieres ver las situaciones de vida que se te plantean, si como una amenaza inventada donde supuestamente vas a hacer el ridículo o como una enriquecedora experiencia con visita histórica incluida.

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